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Fotografía

Fotografía

Foto: autor desconocido. New York, 1932.


Han pasado 90 años desde que se publicó esa fotografía en el diario New York Tribune, de Nueva York. El motivo: darle publicidad al centro Rockefeller durante su edificación. Las fotos dieron la vuelta al mundo. ¿Te suena la foto de los obreros almorzando en una viga? Esos fueron los compañeros del equilibrista de arriba.


Entonces, la prevención de riesgos laborales no tenía lugar. Lo más importante era obtener un trabajo. La altura daba igual. No entraremos aquí a cuestionar las condiciones laborales de los hombres que levantaron los rascacielos más icónicos de Manhattan. Pero no puedo no expresar mi total admiración por ellos: por su fuerza y por su valentía.

Los tiempos han cambiado. Ahora el riesgo ya no lo asumen los trabajadores de la construcción, sino los miles de trabajadores de oficina que copan con mesa y silla cada una de las plantas de esos rascacielos (o de cualquier casa desde la que se teletrabaje…).

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) tiene publicadas varias guías técnicas para la evaluación de los riesgos en el trabajo de oficina y sus medidas preventivas, como por ejemplo el que tiene relación con la utilización de equipos con pantallas de visualización (que quien dice pantalla, dice silla).

Muchas son las empresas que han incorporado el concepto de ergonomía. Y dedican tiempo a observar el espacio de trabajo para que este esté adaptado a las condiciones de los trabajadores, con el objetivo de que estos puedan permanecer en sus puestos de trabajo (silla, pantalla y mesa) sin dañarse el cuerpo, en lo posible: que la mesa sea regulable y esté a una altura idónea para cada trabajador, que la pantalla esté a una buena altura para que los ojos del trabajador no tenga que forzarse mucho, que la silla tenga varias partes regulables en pro de respetar la forma de los cuerpos que en ella se sientan, etcétera, etcétera, etcétera.

Sin embargo, son pocas las medidas preventivas que se implementan en las empresas en relación al tiempo o duración del acto de sentarse delante del ordenador, encima de una silla, sea esta ergonómica o no.

Todas las profesiones asumen un riesgo. Pero es más fácil que se proporcionen elementos de prevención en trabajos físicos, como en el campo de la construcción, cuyos trabajadores están obligados a llevar casco mientras trabajan, que en aquellos cuya actividad se ejerce en el plano cognitivo.

Pienso, luego me siento.

Sentarse es la nueva enfermedad silenciosa. En Estados Unidos se ha comparado al sentarse con el fumar: sitting is the new smoking.

Otros estudios han descubierto una relación directa entre sentarse y el espacio. Los astronautas no lo tienen nada fácil. Parece que sentarse prolongadamente sin darse descansos para levantarse de la silla, te transporta al espacio, a un lugar sin gravedad. La ingravidez es muy pesada. Y la silla es para los cuerpos lo que el espacio para los astronautas: un agujero negro de ingravidez y elemento acelerador del deterioro de los cuerpos que en él se estacionan.

¿Cómo prevenir los riesgos de estas profesiones sedentarias?

Es fácil: MO-VIÉN-DO-TE.

Moverse no significa pasar por el gimnasio después de pasarse 8 horas sentado en una silla en el trabajo. Salvarse de los efectos mortíferos de la ingravidez se consigue levantándose a menudo de la silla. No deberíamos estar más de 30 minutos en la misma posición. Y esto no te lo enseñan en ningún programa de prevención de riesgos. Y menos si trabajas desde casa.

Si eres de las personas que pasan muchas horas encima de una silla: DESENSÍLLATE. Es la única manera de no desaparecer por el agujero negro de tu silla, que normalmente acompaña a una pantalla luminosa sin límites físicos, ni temporales. Al fin y al cabo, nuestro equilibrista neoyorkino sabía perfectamente dónde empezaba su riesgo y dónde terminaba él.

Dime, ¿has leído hasta aquí sin levantarte de tu silla?

Entonces, tienes dos opciones: levantarte o dejarte caer. Yo te ayudo a levantarte tantas veces como necesites. Y también a parar de leer sentado. Y a cambiar otros muchos hábitos de movilidad de tu día a día.

Si quieres descubrir cómo, apúntate a mi programa online de 28 días: ¡Cuídate de la silla!
En menos de 28 días, te devuelvo a la Tierra.

La fuerza del hábito.

O cómo salirse del camino más estrecho.

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